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Por: José Guamán

Fotografía: archivo

Frontera caliente:

una visión diferente a la de los grandes medios de comunicación.

 

Parte II

 

 

4- EL CASO DE COLOMBIA.

 

Para el caso de Colombia, ¿estamos frente a un Estado fallido?

 

Analicemos algunas cosas:

 

Álvaro Uribe, era, en lista elaborada por Estados Unidos en los años ’90, el número 82 más buscado; y, en el puesto 79 aparecía Pablo Escobar.

 

En marzo de 1991, la Defense Intelligence Agency (DIA) o Agencia de Inteligencia de las Fuerzas Militares de ese país, elaboró un listado de 104 personas que estaban relacionadas, conectadas o trabajaban directamente para los carteles de narcotráfico, en especial el de Medellín.

 

El documento de 14 páginas fue elaborado mientras Pablo Escobar seguía siendo fugitivo, y enviado a Washington en septiembre de 1991 con carácter de altamente confidencial. Por eso no se conocía.

 

Pero el 1 de agosto de 2004, una vez desclasificado el informe de inteligencia que había permanecido secreto durante trece años, la National Security Archives publicó el listado de la DIA en la que se ven cosas asombrosas.

 

Para la fecha de su publicación, de los 104 asociados que enlista el documento de la DIA, más del 80 por ciento ya habían terminado en prisión, enfrentado la justicia por presuntos nexos con el narcotráfico, o sido abatidos en ajustes de cuentas por sus cercanías con las mafias.

 

Pero un nombre en la lista logró todo lo contrario: ser el Presidente de la República de Colombia. Asombroso.

 

 

¿Algún parecido con G. Bush?

 

Según el documento el “asociado 82, Álvaro Uribe Vélez, es un político colombiano, senador y dedicado a la colaboración con el Cartel de Medellín en los altos niveles del gobierno. Uribe fue vinculado a negocios que están conectados con actividades de narcotráfico en Estados Unidos. Su padre fue asesinado en Colombia por sus conexiones con narcotraficantes. Uribe ha trabajado para el Cartel de Medellín y es un amigo personal y cercano de Pablo Escobar Gaviria (…)” (Ver Página 10 del DIA Intelligence Information Report.pdf)

 

El reporte habla del entonces senador en 1991, que fue incluido en la misma página que el paramilitar Fidel Castaño, asociado 70, el mismísimo Pablo Escobar, quien es el asociado 79 de la lista, y el mercenario israelí Yair Klein, asociado 80. Otros enumerados incluyen al expresidente de Panamá Manuel Noriega, al traficante de armas iraní Adnan Khashoggi, y a la mayoría de sicarios de Escobar, como alias ‘Popeye’.

 

Todo lo anterior, es una reseña del conocido Diario colombiano El Espectador El asociado No. 82  elespectador.com

 

En este mismo sentido, la muy conocida presentadora de TV y examante del otrora rey de la cocaína, Virginia Vallejo, ha afirmado en su libro ‘Amando a Pablo, odiando a Escobar’ [2007] que lo que se produjo en Colombia no fue una simple complicidad de amigos sino una asociación de criminales que tenía como objetivo tomarse por asalto la institucionalidad del Estado.

 

Acaso Colombia ¿no está ya tomada?

 

Pues Pablo Escobar, llegó a ocupar una curul suplente en el Parlamento colombiano. Cuando "socios" Escobar declaraba "ese muchacho (refiriéndose a Uribe) será mi próximo candidato presidencial.

 

Uribe fue el que implementó el Plan Colombia, el que entregó las 7 bases (que eran colombianas) a los EE.UU. y, el que desarrolló y modernizó a más de ser el ideólogo de la banda de criminales, los paramilitares.

 

 J. Manuel Santos fue ministro del llamado zar de la guerra Uribe, primero como del Interior y luego de Defensa. ¿No conocía Santos esa  pública y delincuencial hoja de vida?; algunos dirán, Él es un premio Nobel de la Paz.  No hay que extrañarse, que en años anteriores H. Kissinger, uno de los cerebros de la invasión a Vietnam también fue premiado; otro más reciente, Obama, el que invadió Irak fue también Premio Nobel. Santos es hoy inculpado por lavado de dólares en paraísos fiscales y por haber recibido "aportes" de la "célebre" Odebrecht, para sus campañas del 2010 y la reelección del 2014.

 

Santos fue  el que, por instrucciones de Uribe, bombardeó el campamento guerrillero de Raúl Reyes en Ecuador. Tanto Santos como el propio Uribe, en coordinación muy estrecha con las bases militares norteamericanas que les presta su tecnología de punta han realizado no menos de una decena de bombardeos a campamentos guerrilleros en varias zonas de Colombia. ¿Bombardeos parecidos se han ejecutado contra campamentos de las numerosas bandas de asesinos y traficantes que pululan por toda Colombia o, los propios paramilitares?: la respuesta lógicamente es negativa.

 

En Colombia hay otros expresidentes que han sido acusados de sus nexos con los carteles.

 

Lo que sí es cierto es que en ese "matrimonio" liberal-conservador, los carteles colombianos daban regularmente su aporte, no solo a los candidatos presidenciales, sino también a numerosos candidatos en las elecciones seccionales; y, no se diga a los del Parlamento nacional, hecho que luego salió a la luz por declaraciones de autoridades gringas y, que fue una de las razones por las que a Ernesto Samper se le quitó la visa a EE.UU. por los mismos norteamericanos, acusado de haber recibido aportes del narcotráfico.

 

Otro caso fue el de César Gaviria, quien era acusado por el cartel de Cali por haber llegado a la presidencia en base a la cocaína, prostitutas y sobornos.

 

La lista es larga, presidentes como Betancourt, López Michelsen, inclusive, algunos candidatos perdedores también recibieron esos aportes, como es el caso de la muy conocida Ingrid Betancourt, quien lo deja traslucir muy claramente en el libro del periodista norteamericano de Los Angeles Time, William Rempel: "En la boca del lobo", refiriéndose a Miguel Rodríguez Orejuela y el cartel de Cali, que le entregó un suculento cheque con algunos ceros, para que se repartan entre ella y otros candidatos (de su grupo) al Parlamento.

 

 

 

En el Parlamento, Congreso de Colombia, donde existe la cámara de senadores y la de representantes, el conocido paramilitar Salvatore Mancuso reconocía que en el Congreso de 2004 existía un 35% de Paras en el Congreso colombiano; y, la Fundación "Paz y Reconciliación" habla de que una tercera parte del Congreso está compuesto por paramilitares, 10 años después, es decir en 2014, con lo cual se demuestra que la periodista examante de Pablo Escobar tenía razón.

 

Sin embargo, hay otro dato muy sugestivo: en las pasadas elecciones legislativas del 11 de marzo (2018), apenas se acercó a votar el 48,78% de los ciudadanos inscritos, menos de la mitad, y, de este, más de 1,1 millón anuló su voto, muy superior a los 873 mil de Álvaro Uribe, el senador más votado en la historia.

 

Colombia es probablemente el País "democrático" en el mundo donde desde hace bastantes años, décadas, la mayoría de ciudadanos no votan o si lo hacen, votan nulo o en blanco.

 

La gran prensa escrita, televisada tiene una íntima relación con la prensa transnacional más retardataria, no se diga con la de los EE.UU. y, aunque directamente no se ha encontrado una relación con los carteles, sí se ha encontrado una relación de lo que en Colombia se denomina "los narco columnistas, de la prensa escrita, cómplices del genocidio paramilitar, a quienes se los acusaba antes y ahora de "hacer revisar" sus artículos por los jerarcas paramilitares, "para que no tengan errores ortográficos y políticos", es lo que regularmente hacía el conocido Castaño; otros analistas más conservadores hablan de una prensa complaciente con los paras y narcos.

 

Decíamos en líneas anteriores, que esa banda de delincuentes terroristas ha azotado y continúan haciéndolo, asesinando a defensores de derechos humanos, periodistas, campesinos, dirigentes sindicales o sociales, moradores de barrios marginales, guerrilleros, políticos de izquierda. A propósito de los políticos de izquierda, estos asesinos se dieron "el lujo" de matar a más de 4.500 dirigentes y militantes de la extinta Unión Patriótica, incluido senadores, representantes al Congreso y 2 candidatos a la presidencia, en los años 80 y 90 y, que fue el primer "ensayo" de desmovilización de las FARC, para participar públicamente en la política colombiana, verdadero Genocidio de un Partido político que fue exterminado, sin parangón en ninguna otra parte del mundo. Por este genocidio, la Unión Patriótica tuvo que cerrar sus puertas.

 

 

 

 Con los medios televisados, tampoco existen pruebas de sus vínculos; sin embargo hay algo muy revelador que mostraría una clara relación y, es principalmente en lo que significa la apología descarada de los carteles y sus capos; así, se ha pasado de las telenovelas a las narco novelas, que hoy en día ya superan la docena. Primero inventadas en Colombia, luego toma la posta y las desarrollan los canales mexicanos, hasta convertirlas actualmente en series televisivas "normales" en la casi totalidad de los países hispanohablantes, convirtiéndose con la modernización-globalización la nueva narco cultura.

 

  Ni qué decir la relación muy estrecha entre carteles y militares: por años en Colombia han sido enviados a prisión numerosos altos oficiales militares, tanto activos como pasivos; igual ha sucedido con altos oficiales de la policía; por eso es que John Gibler, historiador norteamericano que vive e investiga en México desde 2006, autor de un libro sobre la  desaparición y posible masacre  de 43 estudiantes mexicanos dice que el Estado controla el negocio de las drogas y, lógicamente lo hace con la participación de militares y policías, en la cual no están exentos los propios militares gringos, a quienes en varias oportunidades se los ha encontrado “infraganti” transportando droga a EE.UU.

 

En Colombia cuando de militares se habla, hay que decir bastante de los Falsos Positivos:

 

Periódicamente se señalaba en los medios colombianos la captura y muerte de guerrilleros por parte de las fuerzas militares; con el tiempo se pudo conocer, luego de numerosas denuncias, sobre todo la de un sargento cuando fue obligado a matar a su hermano campesino, para luego ponerle el ropaje de guerrillero y un fusil para cobrar su "recompensa" que la gran mayoría de los fallecidos no eran guerrilleros, peor muertos en combate, pero que como producto de la descomposición moral y ética, sobre todo de algunos altos oficiales de las Fuerzas armadas realizaban estas verdaderas carnicerías con campesinos o simples pobres de barrios marginales de las grandes ciudades para obtener dinero fácil.

 

Fueron por miles los asesinatos de las fuerzas militares y policiales a numerosos inocentes.

 

5- LA DESMOVILIZACIÓN DE LAS FARC.

 

 En agosto del 2016 el gobierno de Santos culminó el “acuerdo de paz” con las FARC; cierto es que un sector de las FARC no estuvo de acuerdo, pero, pasó a fortalecer otros grupos insurgentes como el ELN y el EPL, que continúan en su lucha armada por la transformación socioeconómica de Colombia.

 

En la actualidad existen no menos de 250.000 hectáreas de cultivos, aunque el Fiscal general de Colombia reconoce la existencia de 200.000,  el triple de lo que había hasta hace poco, lo cual es verificado por imágenes satelitales; hay "nacientes" sembríos de Amapola, que degeneran en la heroína, pues es mucho más barato importar desde Colombia que de Afganistán, aunque ya existe competencia con los mexicanos, que también la siembran, con el propósito de abaratar los costos, evidentemente, todo para el mercado estadounidense.

 

Los sembríos señalados pueden ser fácilmente detectados en la actualidad con las tecnologías satelitales modernas que hoy existen: si con tecnologías muy modernas ahora se puede determinar el número de la placa de un vehículo o, no se diga el tamaño y tipo de una planta; se realizan por ejemplo prospecciones mineras y petroleras, recursos que están en el subsuelo, ¿cómo es que no utilizan esas tecnologías para ubicar geográficamente esos sembríos que están en la superficie?; con el apoyo logístico-tecnológico de las 7 bases norteamericanas se transformó la noche en día cuando el bombardeo de Angostura, ¿esas mismas bases no pueden detectar sembríos de coca y amapola?

 

 

En Colombia, pese a los “acuerdos” de paz, El asesinato de dirigentes sociales o de derechos humanos continúa, el asesinato de periodistas igual.

 

Tras el lapso de 6 años que duró el desarrollo de acuerdos para la firma de la Paz han sido asesinados alrededor de 440 líderes sociales. Según cifras manejadas por la Defensoría del Pueblo de Colombia, entre el 2016 hasta febrero del 2018, han sido asesinados en Colombia 282 líderes sociales y defensores de Derechos Humanos.

 

Los propios voceros oficiales colombianos reconocen que no hay presencia gubernamental en Tumaco, el ejército brilla por su ausencia. "Precisamente en Nariño y en Tumaco, la presencia del Ejército colombiano ha sido prácticamente nula", dice el Gral. Colombiano Alberto Mejía, comandante General de las Fuerzas Militares de Colombia (El Comercio, 18 abril 2018).

 

A raíz de la paz con el Perú, en la que nuestro País perdió varios miles de km cuadrados de territorio, como una orientación desde el imperialismo yanqui, se re direccionaron las tropas militares que estaban en la frontera con el Perú, para posicionarlas al norte, en otra estrategia imperialista de jugar el Ecuador, al yunque; y, Colombia, al martillo, para acabar con los insurgentes guerrilleros que se encontraban al sur de Colombia: el ejército colombiano dando golpes de martillo, con una arremetida de norte a sur y, el ejército ecuatoriano poniendo una barrera para que los guerrilleros no pasen al Ecuador.

 

El alfil utilizado fue Rafael Correa, quien redirecciónó nuestro ejército, para ubicar a 12.000 uniformados en la frontera con Colombia.

 

Cuando se firman los acuerdos de paz, en 2016, en el sur de Colombia ya no quedaban guerrilleros, salvo alguna contada excepción y, esas tierras fueron tomadas por los paramilitares y otras bandas delincuenciales que comenzaron a  disputarse esos territorios para el denominado corredor de la droga. Es precisamente lo que señala el gobernador de Nariño, Camilo Romero, quien no solo pide perdón al Ecuador (Expreso, 22 abril 2018) si no que reconoce esta realidad: “donde estuvo la guerrilla, ahora están delincuentes del narcotráfico” y, va más allá cuando dice que solamente desde 2017 los homicidios aumentaron en un 33%.

 

 

Preguntamos: ¿fue a propósito que el gobierno colombiano abandonó la frontera para entregárselas a sus discípulos? o, ¿el paramilitarismo y las bandas del terror desbordaron el accionar de las fuerzas de seguridad colombianas?: El lector puede dilucidar, aunque una combinación de los 2 factores puede ser una realidad.

 

Es un problema bastante parecido al de los terroristas del E.I. en Siria y otras partes del Medio Oriente: su accionar ¿desbordó a sus diseñadores, los Estados Unidos o, es provocado?

 

Por todas estas razones expuestas aquí, en el caso colombiano ¿no estaríamos en presencia de un Narco estado?, acaso de un Estado fallido, para que juegue en América, en el continente americano, un rol similar al que juega Israel en el Medio Oriente.

 

Algunos militares ecuatorianos como el Gral. Paco Moncayo cree que Colombia es una narco democracia; otros claramente hablan de un Narco estado y, No pocos dicen que es un Estado fallido.

 

Lo que sí es una realidad es la implementación del terrorismo de Estado, diseñado desde Washington,  para combatir al movimiento guerrillero, a las organizaciones sociales, sindicales, de derechos humanos, a la izquierda en general, utilizando las bases militares, las fuerzas armadas y policía y, los paramilitares; por eso es que el conflicto armado, si se lo considera en una segunda etapa, desde mediados de los 60 del siglo anterior, ya deja un saldo trágico de otros 300.000 muertos, a más de los millones de desplazados, principalmente campesinos cuyas tierras fueron tomadas por los paramilitares.

 

Sin embargo, otro fenómeno se da en Colombia y, que lo diferencia de otros países latinoamericanos y, es que en la vecina nación se radicalizó la dependencia hacia el imperialismo norteamericano, no dando el menor espacio a otros imperialismos que ya penetran en la región como son el chino y el ruso.

 

 

Parte III

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

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ISSN 1390-6038

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